Estrés

Estrés: El mal de este siglo

Por: Bionutrición Ortomolecular
Se ha definido el estrés como la mayor epidemia de nuestro siglo conjuntamente con la depresión y aunque todos sabemos qué es el estrés, la realidad nos golpea en toda la cara, si tenemos en cuenta que no se le da la relevancia de los efectos demoledores que tiene en nuestras vidas.

De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS), el estrés es el conjunto de reacciones fisiológicas que prepara al organismo para la acción, mientras que la Real Academia Española (RAE), lo define como una tensión provocada por situaciones agobiantes que originan reacciones psicosomáticas o trastornos psicológicos a veces graves.


La definición actual de estrés debería abarcar algunas líneas más, sobre todo, teniendo en cuenta el peligro aparentemente silencioso que supone hoy día como amenaza específica para la salud y el bienestar general.

Por otra parte, Wikipedia, expone la definición de estrés más completa: El estrés que antiguamente nos protegía de peligros, ahora se ha convertido en enemigo público número uno de la salud mundial.

Los datos crecen año tras año y son cada vez más abrumadoras las consecuencias que tiene para la salud y la sanidad. Si hablamos del «eustrés» o el conocido por estrés bueno, el que nos hace tener más empuje de forma positiva, entonces no hay peligro.

El organismo se halla en un estado moderado y de equilibrio entre la salud y el entorno, pero cuando hablamos del “distrés” o estrés malo, el panorama cambia radicalmente.

La gestión ineficaz del estrés la encontramos en las consecuencias que tiene para la salud, provocando una mayor incidencia de las enfermedades coronarias, cardiovasculares, neurológicas, digestivas, del sistema inmunológico y nervioso.

El alto costo en padecimientos de origen psicológico como la ansiedad, la depresión, la apatía, la falta de interés por el entorno o el bajo rendimiento laboral tiene consecuencias para las empresas.

Los empleados deben causar bajas laborales para recuperarse de la incipiente gestión por un lado del estrés por parte de la sanidad y por otro, por parte de la sociedad que en vez de atajar el problema inteligentemente, lo hace empeorando más las cosas, con más presión sobre las personas.

Existe una malsana tendencia social y generalizada a creer que estar ocupados todo el tiempo es algo bueno o sano, algo que se ha propagado en todas las culturas modernas, cargadas por una filosofía dañina de la sociedad de consumo, súper-producción y alta competitividad.

Si bien la esperanza de vida ha aumentado en el último siglo gracias a avances en la medicina o el estilo de vida, contamos con grandes agujeros que nos socavan ese logro.

Una de estas terribles grietas es sin duda el estrés crónico y permanente al que se somete al ser humano a ser más productivo, más competitivo y el mejor en todo.

Esto tiene graves consecuencias para la vida de las personas, empezando por un estado de salud, que se deteriorará lenta o más rápidamente dependiendo de las circunstancias individuales y del entorno.

estrés

Un grave problema de salud ignorado

Los servicios de sanidad pública, principalmente de atención primaria no se hallan preparados eficazmente para atender realmente el grave problema que supone tener en sus consultas a personas que sufren de estrés crónico, ni proponer un tratamiento adecuado.

A veces ni siquiera se tiene en cuenta que, el estrés es el desencadenante principal de muchos problemas de salud crónicos.

No existen programas que propicien un estilo e higiene de vida en favor de reducir los altos niveles de estrés, ni orientación nutricional para ayudar a regular el organismo a través del aporte correcto de nutrientes.

No se ofrece terapia psicológica de calidad ni continua, ignoran los altos beneficios de herramientas milenarias como la meditación o el yoga; no se establece un plan de ejercicios adaptados para mejorar la calidad de vida. No se hace, en definitiva, nada productivo ni eficaz para reducir los altos niveles de estrés crónico en la población en general.

Toda esta incipiente gestión tiene tremendos costes para la sanidad, que medicaliza a todos por igual sin indagar, interesarse o ir más allá en su intención de ayudar realmente a las personas.

El aumento de la mortalidad por enfermedades cardiovasculares, neurológicas o por depresiones crónicas irán en aumento sin importar mucho más. Engrosarán las enormes listas de estadísticas que una vez más, deberían servir para buscar una solución definitiva y eficaz y no ser unos números sin más.

Causas principales del estrés crónico, estrés malo o distrés

Entre éstas se establece prioritariamente el estrés laboral, con todas las variantes posibles como causas estresoras: La alta competitividad, ambiente laboral agresivo o inapropiado, sobrecarga laboral, conflictos en las relaciones laborales, lidiar con jefes incompetentes o perder en trabajo y la dificultad para encontrar otro nuevo.

Otros factores son las relaciones personales, psicológicas, sociales, físicas, ambientales y del entorno. Las enfermedades también se consideran un factor estresor tanto las de origen crónico como las agudas.

Los grupos más vulnerables incluyen tanto hombres como mujeres en edad laboral, los niños en edad escolar, las amas de casa y madres y padres de familia, los altos cargos ejecutivos y empresarios.

Algunos segmentos de la población como los profesionales sanitarios (médicos, enfermeras) y educadores (profesores, cuidadores) son otro grupo de especial vulnerabilidad frente a los efectos del estrés crónico.

Consecuencias para la salud

Todos sabemos qué es el distrés. ¿Pero somos conscientes de las terribles consecuencias que con el tiempo tiene para nuestra salud?

En un primer momento el organismo responderá biológica y psicológicamente ante el estímulo estresor, poniendo en marcha un mecanismo de ajuste homoestático muy complejo que servirá para adaptarse al momento (resistencia o adaptación). Pasado el momento de peligro, si nuestro organismo se encuentra en real equilibrio, no tendrá problema alguno en auto-regularse y volver a un estado biológico normal.

Si al pasar el momento de máximo estrés vivido, este estado biológico se perpetua, los problemas empezarán sin duda a surgir uno a uno al tiempo, se trataría pues, del estado de agotamiento.

Este proceso se conoce como Síndrome General de Adaptación (SGA) que engloba los procesos de 1-Reacción de alarma, 2- Resistencia o adaptación, 3- Agotamiento. Los efectos del estrés sobre el organismo tenderán a presentarse en etapas, distinguiendo efectos inmediatos, a medio y largo plazo.

Los efectos del estrés a corto, medio y largo plazo 

Físicas: Desarrollo de enfermedades y trastornos

Insomnio, ansiedad, depresión  leve, trastornos del apetito (demasiado o muy poco), dolores de cabeza crónicos, migrañas, debilitamiento del sistema inmunológico con tendencia y facilidad para contraer infecciones frecuentes, dolores musculares, falta de vitalidad, bajos niveles de energía, problemas de concentración y memoria, cansancio crónico.

Variaciones en el peso y temperatura corporal, hipertensión, enfermedades cardiovasculares, trastornos hormonales (tiroides, adrenales), trastornos digestivos, pérdida de la libido, abuso de sustancias adictivas.

Psicológicas y emocionales

Depresión, ansiedad, falta de autoestima, desvalorización personal y profesional, relaciones personales dificultosas, aislamiento social, agresividad, pérdida de interés por el entorno y las relaciones personales y sociales, desinterés general y apatía, falta de motivaciones.

Incapacidad para tomar decisiones, incapacidad para desconectar del entorno laboral o foco de atención que causa el estado de estrés crónico, pérdida de confianza en el entorno, obsesión por el control y la perfección.

Inflexibilidad mental que impide realizar un cambio en el estilo de vida, incapacidad para priorizar, negarse a recibir ayuda o no reconocer que tiene un problema de salud llamado “estrés”.

Sociales

Falta de comunicación real con el entorno, en donde el entorno de la persona desconoce el verdadero grado de profundidad del problema que se tiene. O bien, desvalorización por parte del entorno del problema, restándole importancia a un estilo de vida “estresante” donde todos están siempre “demasiado ocupados” porque eso es lo “normal” y “no pasa nada”.

O lo que es peor: Agravar el estado de estrés de quien lo padece culpabilizándole por su mal momento, con acusaciones del tipo “eres un negativo de la vida”, “cambia el chip” y frases similares que son totalmente contraproducente para el estado tan delicado por el cual se está pasando.

El estrés crónico cuando va acompañado de insomnio, ansiedad y depresión se convierte en una capa de aislamiento social muy profunda, puesto que, al no encontrar apoyo en el entorno, las personas que lo padecen deben sumar el sentimiento de “sentirse solas e incomprendidas”.

¿Qué se propone para reducir estos altos niveles de estrés?

La medicina tradicional normalmente aconseja descanso y procurar relajarse, algo que prácticamente nunca se consigue sin más.

Estos consejos que son dados sin proporcionar más pautas que de verdad orienten en la dirección correcta, son acompañados de fármacos para dormir, para la ansiedad, para la hipertensión, para los dolores musculares, etc. con lo cual el problema ni se soluciona ni se reduce.

Por otra parte, existen alternativas con un enfoque multifactorial, eficaz y sin efectos secundarios que la mayoría de las veces no se tiene en cuenta a la hora de diseñar un tratamiento personalizado del estrés crónico.

El tratamiento integral del estrés crónico

Un plan anti-estrés eficaz debería incluir: 

  • Alimentación: Adaptada a la situación personal, pero ponderando una dieta alta en triptófano
  • Suplementación natural eficaz como ayuda urgente para la regulación biológica de neurotransmisores, sistema inmune, sistema digestivo y otros trastornos que hubiera que tratar ya sea conjunta o aisladamente
  • Empleo de técnicas milenarias de equilibrio mental, emocional y físico como son: El yoga, el TaiChi, Chi Kung, pranayama, meditación (MT, meditación transcendental), meditación zen, mindfulness
  • Higiene de vida: Ambiente donde se vive (teniendo en cuenta desde el color de las paredes hasta los aromas) donde todo lo que nos rodea nos ayude a propiciar un estado de calma.
  • Gestión del tiempo: Aprendiendo a dar prioridad a lo realmente importante y a organizar las tareas otorgando un momento a cada cosa (dormir, comer, trabajar, ocio, descansar, etc.)
  • Musicoterapia: Donde métodos como el Tomatis son eficaces en el tratamiento del estrés crónico.
  • Terapia psicológica: Enfocada a la toma de conciencia y acciones para emprender un cambio en el estilo de vida o aprender a gestionar eficazmente el estrés.
  • Ejercicio físico adaptado: Según necesidades individuales, el ejercicio debe estar siempre basado en las particularidades de cada uno, lo que a unos les relaja, a otros los activa.
  • entre lo laboral y personal, gestión del entorno laboral, etc. En la actualidad existen profesionales especializados en estos campos (coaching)
  • Si se considerase necesario, realizar una cura de sueño bajo supervisión profesional.
Bionutrición Ortomolecular

Bionutrición Ortomolecular

Paula Pencef Pérez

Entre tantas cosas, la nutrición ortomolecular pretende enseñarnos a preservar la salud a través de una alimentación equilibrada y variada y el aporte óptimo de nutrientes.

Fuente: https://bionutricionortomolecular.com/estres-cronico