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Dra. Adriana Rodríguez: ¿Por qué le tememos a la muerte? El enigma de nuestro ciclo de vida

Por: Dra. Adriana Rodríguez

Pensar que la muerte no es el final que nos define como especie, enterrar a nuestros muertos con ofrendas que los acompañarían después de su último aliento, es una de nuestras diferencias mas marcadas con los Homo neanderthalensis.

 A lo largo de nuestros 100 mil años de historia las ideas y costumbres sobre la muerte de nuestros pueblos, han sido tan variadas como ellos mismos muchas veces con grandes similitudes y otras con diferencias entre ellos.

A la muerte por lo general le tememos y la respetamos, en 1915 Sigmund Freud decía que la actitud del hombre hacia la muerte tenia dos sentidos totalmente opuestos: el primero es negar la posibilidad de que la propia existencia pueda tener un fin y el segundo es, ansiar, en el fondo, la destrucción de aquel que pudiera verse como enemigo.

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 La muerte y el duelo

Años después, Freud nos habló de una reacción mas, el duelo, la reacción resultante de la perdida de la persona amada, o bien la patria, la libertad o el ideal, un estado emocional doloroso que con el tiempo puede superarse.

Un ejemplo de nuestro temor a la muerte es la costumbre Celta del Samhain, en la que el 1 de noviembre con el comienzo del invierno y el año nuevo, las almas de los muertos regresaban a visitar sus casas, mientras las almas de los que habían muerto durante el año comenzaban su camino hacia el otro mundo.

Por esta razón las personas prendían hogueras en las colinas para asustar a los espíritus malignos, además, de ponerse máscaras y otros disfraces para evitar ser reconocidos por los fantasmas presentes en ese día.

Con el tiempo y el mestizaje cultural la costumbre fue cambiando, con la conquista de los romanos se agrego el festival de Feralia que conmemoraba la partida de los muertos y Pomona la diosa de la cosecha.

 

Costumbres

Posteriormente, en el siglo VII el papa Bonifacio IV estableció el día de todos los santos “el culto a los santos católicos que llegaron al cielo”, que si bien originalmente fue el 13 de Mayo se cambio al primero de noviembre al siglo siguiente para contrarrestar las costumbres paganas.

Luego, haciéndolo secular y recibiendo el nombre de Halloween, que en su versión mas moderna llevada a Estados Unidos (EEUU) por los inmigrantes irlandeses, retoma los elementos de las mascaras y disfraces para asustar a los malos espíritus.

Por otro lado, el mestizaje cultural en Mexico dio origen a una visión única de la muerte, al igual que los celtas, los indígenas prehispánicos tenían su propia visión de la muerte, los teotihuacanos ofrecían los cráneos de sus enemigos caídos a sus dioses para apaciguarlos.

 

Fiestas que guían a la muerte

Pero, tras la muerte de sus seres queridos hacían una fiesta para guiarlos hacia el Mictlan: la morada de los muertos, para que los recibiera Mictlantecuchitli, el dios de la muerte y la vida.

Con la conquista y el mestizaje cultural, la iglesia católica forzó nuevamente el día de todos los santos a la que el 1 y 2 de noviembre usaron para adaptar la vieja costumbre prehispánica.

Pero esto no resulto como esperaban, este sincretismo dio lugar a una costumbre totalmente nueva al paso de los siglos, el “día de muertos”.

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Día de los Espíritus Difuntos

Sin ningún temor a la muerte, en Mexico celebramos en ese día a los espíritus de los difuntos que regresan del Mictlan a visitarnos en ese día para convivir y celebrar su recuerdo con nosotros.

Normalmente es un día de fiesta donde los recuerdos, siempre alegres de quienes se fueron, nos inundan permitiéndonos celebrar con ellos su vida, no su muerte.

El duelo es doloroso en todas las culturas, inundado por nuestro ancestral y natural temor a la muerte, navegar por el puede resultar sumamente doloroso y es aquí donde el dia de muertos puede enseñarnos algo.

No tenemos que temer a la muerte, tenemos que aceptarla como parte de nosotros por mas que extrañemos a quienes se fueron y al mismo tiempo entender que nunca se van realmente mientras los recordemos y nos aferremos a todos los momentos alegres que pasamos a su lado y podamos integrarlos como una parte de nosotros mismos,

Como dirían nuestros ancestros: “mientras no los olvidemos, ellos nunca se van”.

 

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