Dr. Oscar García

¿Deportista? Cuida tus rodillas de graves lesiones

Por: Dr. Oscar García
La rodilla es una articulación que se compone de 3 huesos principales: El fémur, la tibia y la rótula, la cual se mantiene estable gracias a los ligamentos, menisco y músculos. El ligamento cruzado anterior, es la estructura que con mayor frecuencia se lesiona en la práctica de deportes en la actualidad.

Los deportes de mayor riesgo para este tipo de lesiones son aquellos que presentan cambios de dirección súbita y rotación de la articulación, como futbol, baloncesto, voleibol, tenis, entre otros.

Dr. Oscar García

En el momento de la contusión, hay sensación de inestabilidad, asociado a dolor, aumento de volumen de la rodilla y limitación para el apoyo. Una vez presentada la lesión se recomienda evaluación médica para definir la estabilidad, iniciar un proceso de manejo con muletas y fisioterapia y definir la necesidad de imágenes como radiografías y resonancia de acuerdo a los hallazgos clínicos.

En la valoración médica se realizará una evaluación física buscando la presencia de inestabilidad, que se describe como una sensación de que la articulación “se va hacia delante” con algunas actividades de la vida diaria sin esfuerzo.

En la resonancia magnética se identificará la ruptura del ligamento, contusiones óseas que son descritas como microfracturas del hueso por un contacto brusco entre la tibia y el fémur con el trauma y otras contusiones asociadas como en los meniscos y otros ligamentos de la zona.



La decisión de realizar cirugía depende de factores como la edad del paciente, la expectativa deportiva, el nivel de inestabilidad observada y la presencia de contusiones asociadas en meniscos u otros ligamentos.

El manejo conservador consiste en terapia física para suplir parcialmente la inestabilidad por medio del fortalecimiento de los músculos alrededor de la rodilla. Para el tratamiento quirúrgico, se selecciona un injerto para la reconstrucción del ligamento cruzado, éste usualmente se toma del tendón rotuliano, de los tendones de los músculos isquiotiobiales o de injerto de cadáver.

Para realizar la cirugía se introduce un lente conectado a una cámara en el área para hacer la artroscopia, la cual permitirá evaluar los meniscos y el cartílago, y valida la lesión. Luego se realizan dos túneles, uno en el fémur y otro en la tibia por donde se pasaría el injerto de tendón para sustituir el ligamento roto, el injerto se fija al hueso con tornillos de un material absorbible.



El proceso de rehabilitación es un aspecto muy importante y es dependiente del cumplimiento de las recomendaciones del cirujano para lograr una adecuada integración del injerto y la recuperación funcional de la rodilla.

Consiste en manejo analgésico, uso de muletas, movimientos activos y pasivos de flexión y extensión de la articulación, fortalecimientos musculares y ausencia de actividad deportiva para protección del injerto.

Este proceso de rehabilitación puede tomar 1 año antes de regresar a la práctica de actividades físicas y deportivas de alta demanda.