Por: Dulce Díaz | Mayo 2020

El trabajo de una enfermera siempre es difícil y un tanto complicado, pero en estos tiempos en los que la pandemia por el Covid-19 ha cobrado mayor fuerza, es aún más, sobre todo porque no sólo ellas, sino sus familias, han sufrido los estragos de su loable labor.

Desde mediados del mes de marzo que inició la contingencia sanitaria en la localidad, Nadia Gloria Osuna, enfermera de la Clínica 30 del IMSS, ha vivido, junto con sus compañeros, un cúmulo de sentimientos encontrados, que van desde el amor y la pasión que ponen día a día en su trabajo, como la tristeza de dejar a sus familias por miedo a algún contagio.

La última vez que vio Nadia Gloria a sus hijas fue el 24 de marzo, día en que se quedaron al resguardo de su abuela en casa.

“Estos han sido días muy difíciles, yo me tuve que separar de mi familia, tengo dos hijas, una de 18 y otra de 7 años, y mi mamá, que me apoya muchísimo”.

“Hace mes y medio la más chica se me enfermó, es asmática, y al momento en que a mí me pasaron a Urgencias yo le hablé a mi mamá y le dije, yo ya no vuelvo a casa”.


Como ella, todo el personal de salud que laboran en ésta como en otras instituciones públicas encargadas de la atención de paciente Covid, realiza con gran vocación sus jornadas, a pesar de ser extenuantes.

Debajo de caretas, cubrebocas y guantes, de trajes especiales que se instalan capa por capa para resguardarse de algún posible contagio, están ellos, los héroes sin capa que ponen en riesgo su vida para salvaguardar a decenas de ciudadanos que han sido afectados por este mal y quienes esperan confiados en que esta crisis termine pronto, ya que sus familias los esperan con ansias en casa.

“Han sido tiempos difíciles, andamos todos muy aprensivos y chillones; tenemos miedo de regresar a casa, yo, no pude despedirme, no pude abrazar a mis hijas por última vez, es feo, por eso por favor, quédense en sus casas para que nosotros podamos regresar a las nuestras”