Historia de una concepción un sueño de amor hecho realidad

Por: LAE. Thelma Acosta

“A nuestro hijo, cuando en el corazón de sus padres, apenas era un sueño, una ilusión”, frase que encabeza  el ultrasonido tomado un día antes de mi procedimiento de fertilidad.

Había pasado por cuatro tratamientos convencionales de fertilidad, uno en Ciudad Obregón Sonora, otro en Guaymas Sonora, en Hermosillo, Sonora, y en Tijuana Baja California, este último nos dejó muy lastimados, emocional y económicamente.

En ese tiempo, estaba deprimida, aislada del mundo exterior.

Rafael, mi esposo, me había dicho que este era el último tratamiento, no soportaba verme sufrir y aunque siempre se mantenía fortaleciéndome, él también sufría, decidimos que nos limitaríamos a lo que la vida nos tenía destinado, la cual nos tenía una gran sorpresa.

Un día llegué del gimnasio, me senté melancólica a desayunar y escuché en el radio que alguien hablaba de fertilidad, no pude evitar poner atención, entonces conocí al doctor Henry que habló con tanta seguridad, certeza y fundamentos científicos acerca de los procedimientos para fertilidad.

Mi corazón me dijo sí, me resistía a creer que después de haber luchado ocho años podía ser posible que alguien, a quien ni siquiera le veía la cara, me dijera que tenía la posibilidad de “llevar un bebé sano a casa”.

Llamé a Rafael, sentí el miedo en su voz de volver a empezar, al día siguiente, una compañera del gimnasio me dijo “mira lo que recorté del periódico para ti”, era ni más ni menos una publicidad de la Clínica de la Fertilidad y sentí entonces que esa era una señal.

Inicia la aventura

Hicimos la cita y en ella, el doctor nos explicó tan clara y certeramente que nos inspiró confianza, eso fue en diciembre del 1995.

Después de la cita, mi esposo y yo intercambiamos impresiones, sabíamos que por primera vez estábamos en el lugar y con la persona correcta, decidimos entonces recomenzar, nos encontramos con una persona comprensiva y con gran empatía con las parejas.

Después de completar todos los estudios requeridos, regresamos con el doctor y empezó la preparación para el procedimiento, hasta que llegamos a donde empecé la historia… el ultrasonido de un día antes del procedimiento de fertilidad, lo tengo en mi mente como el día MÁS GRANDE de nuestra vida.

Después del procedimiento de fertilización, regresamos a Guaymas Sonora, se habían acabado los días de permiso en el trabajo de Rafael, esperé impacientemente hasta el día indicado para saber el resultado, el que finalmente llegó, la prueba de embarazo me indicaba que ahí estaba mi sueño.

Se cumplió el sueño

¡Ocho largos años! ¿Pueden imaginarse cada hora y cada minuto de angustia que se pueden almacenar en ocho años? corrí al teléfono, llamé al doctor Henry y le dije: “¡positivo!  muchas gracias” y él, con un tono de humildad me dijo, “no me des las gracias a mí, soy sólo un instrumento de Dios para lograrlo”, eso habla del gran amor que le tiene a su trabajo.

A los pocos días supimos que la dicha era doble, que no era uno solo, ¡sino dos! ahora venía la espera de nueve meses, con la esperanza de que no hubiera problemas o sustos, durante ese tiempo, hubo una leve amenaza de aborto.

Llegó el día de la cesárea, con nervios, ansiedad y todos los sentimientos revueltos en la última cita.

El doctor no se veía bien de salud, entonces nos comunicó que pospondría unos dos días la cesárea, en lo que se recuperaba, nosotros accedimos en gratitud a todo lo que él nos había brindado durante todo ese tiempo.

Posteriormente nos fuimos  al hospital, cuando llegamos, nos recibió la recepcionista y nos confirmó que el doctor Henry no nos podría atender, porque estaba internado, fue operado de emergencia pero vino su hermano para la cesárea, fue cuando conocí al doctor Emilio.

Cuando me recibió, el notó que iba completamente maquillada y me pregunto, ¿qué va a una fiesta? Y el mismo me contestó, “sí, va a una fiesta, vámonos” y en medio de la cirugía, vimos entrar a alguien arrastrando su suero, me tomó afectivamente de la mano y me dijo: “En un momento tan importante no podría dejarlos solos”, era el doctor Henry que se había levantado de su cama para acompañarnos.

Al día siguiente salíamos del hospital con nuestros dos invaluables tesoros, listos para comenzar una nueva vida, con la dicha de haber logrado una muy feliz familia y desde ese día, nuestro horizonte se abrió, vi la vida llena de oportunidades.

Hoy estoy aquí para en nombre de todos los padres de “Niños logrados” decirle mil gracias por su trabajo tan humano, gracias por hacer que esa Clínica de la Fertilidad, se convierta en la Clínica de la Felicidad.

Podemos decir que ahí, un bebé es el sueño de amor hecho realidad.