Es muy frecuente escuchar a clientes que me pregunten: ¿El oro que vendes es italiano… o mexicano…? Con ese sentir de que, si es italiano «sí vale la pena», «sí es fino», mientras q

¡Nada más equivocado! 

ue, si se trata oro de otras latitudes, pareciera que estamos hablando de «mercancía de segunda clase».

Principiemos diciendo que el oro no tiene nacionalidad, es decir, el oro es un metal, que «nace» dentro de las entrañas más profundas de la Tierra, y como tal, no tiene «certificado de origen», es la naturaleza mismaquien nos lo obsequia. Por eso, el oro con el que se fabrica joyería sea en Italia, en Saigón o en Veracruz es el mismo oro.

La naturaleza «coloca» el oro dentro de una mina, este oro de mina es siempre amarillo, y su «única presentación» es la de 24k, lo cual significa que no hay oro blanco natural, tampoco oro de 25k. El oro nace, pues, amarillo y de 24k. Otra de las preguntas que también me hacen los clientes es: ¿El oro blanco es «pintado» o «chapeado»?

¡No, tampoco!

El oro tiene cualidades y deficiencias. Una de sus más bellas cualidades es la apariencia, y su extrema adaptabilidad a la piel, de ahí que su uso en joyas date de muchos siglos atrás, cosa que no sucede con la plata o el platino. Por ejemplo, ¿cuándo hemos oído de las joyas de platino de Cleopatra? Sin embargo, ¡qué tal con todo su ajuar en oro puro!

Una de las «deficiencias» del oro, en su estado natural, es su excesiva maleabilidad: Es muy fácil doblar o tronchar un trozo de oro de 24k. Por este motivo, es necesario hacer una aleación química nueva que reduzca el kilataje al oro puro para unirlo con otros metales que le den la fuerza y la firmeza que él no tiene por sí mismo. Y, es así como surge el «color» del oro, dependiendo con qué otros metales lo mezcles, obtendrás oro blanco. De igual manera, así obtenemos oro rosa, oro café, o incluso el oro verde, que comienza a ponerse de moda en este otoño.

Así pues, que de hoy en adelante no tengas dudas al adquirir una joya en México, en Estados Unidos o en Europa, tu oro tendrá el mismo valor por donde vayas.

Aunque, lo que sí debes verificar es el kilataje de la pieza que adquieras, pero, eso será tema para una siguiente edición.

Por lo pronto, recuerda que todo oro se hizo para usarse y disfrutarse.

¡Hasta la próxima!