¿Quién no se ha separado o perdido a algo o alguien?

La vida es un constante cambio, ya que el ser humano se enfrenta a diversas separaciones a lo largo de la vida, desde la mudanza de barrio o ciudad, o el pequeño que cambia de escuela, o el compañero que deja un trabajo por otro, sin dejar de mencionar los rompimientos en las relaciones, y qué no decir del fallecimiento de un ser querido.

Nos vinculamos desde nuestro corazón con lo que más amamos, es por ello, que tratar de solucionar las separaciones o rompimientos con la mente, no es lo más adecuado, ya que tarde o temprano, esto nos pasará factura, porque el hacer como si no pasará nada, el evitar llorar, el no expresar lo que se siente, el ahogar las penas con exceso de trabajo, de ejercicio, de actividad, etc. es una manera de querer olvidar y no conectar, es una solución para no caer en el dolor.

Hay pérdidas que aunque son dolorosas son más fáciles de aceptar, porque de alguna manera ya lo esperamos, ya lo veíamos venir, incluso el duelo lo empezamos aun estando con la persona, pero hay otras que nos toman de sorpresa produciendo estado de shock.

¿Cómo somatizamos?

  • La tristeza crónica puede producir problemas respiratorios
  • La depresión problemas renales
  • La aflicción afecta nuestro sistema inmunológico
  • El enojo puede causar problemas digestivos
  • La culpa, por lo no hecho, o por lo que hicimos, afecta el corazón
  • La piel por no tener el contacto

Nuestro cerebro sabe gestionar y nos protege de múltiples maneras ayudándonos a sobrevivir. ¿Cuándo se recomienda buscar ayuda? Si continúas sufriendo y no logras sobreponerte, si tu cuerpo ha enfermado después de esa pérdida, si sientes que algo no está bien, aunque no puedas definirlo, si observas que estás siempre molesto por no poder aceptar.

En algún momento debes volver a ti.